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lunes, septiembre 22, 2008
La Argentina en la Feria de Frankfurt 2010
 
En las últimas semanas se desencadenó una polémica alrededor de la Feria de Frankfurt 2010, donde la Argentina va a ser el país invitado. Esta feria, la más importante del mundo editorial, es muy distinta a ferias como la de Buenos Aires. Es casi exclusiva para editores, agentes y autores y más que libros de papel, lo que se venden son los derechos de autor.
La polémica fue alrededor de los llamados "íconos nacionales". Organizadores, periodistas y autores opinaron sobre la conveniencia de llevar a íconos como Maradona, el Che, Evita y Gardel. En medio de la discusión, un integrante de Lamujerdemivida, Sergio Olguín, escribió un artículo para la revista Ñ del diario Clarín que salió el sábado 13 de septiembre y que aquí reproducimos:


Frankfurt, la polémica
por Sergio Olguín

Me imagino al Comité Olímpico Argentino preocupado por si se iban a recitar poemas de Gelman o de Pizarnik en la Villa Olímpica de Beijing. O a los organizadores del Festival de Mar del Plata peleándose entre ellos para decidir si en la primera fila se sienta Elvio Gandolfo o Antonio Dal Masetto. Así de delirante y absurda resulta la polémica por los íconos culturales que vamos a presentar en la feria de Frankfurt 2010. Es preocuparse más por el decorado del predio con el que va a contar Argentina que por los objetivos de la feria. Como si estuviéramos más interesados en saber si las promotoras del stand van a llevar mini o pantalón elastizado que en pensar qué se va a hacer con la obra de Ricardo Piglia.

Perder tiempo en discutir cuál ícono es más pertinente resulta justamente eso: una pérdida de tiempo. Y ya faltan sólo dos años para Frankfurt 2010. Que no ocurra como en la feria de Bologna este año, donde la Argentina fue país invitado y la principal actividad fue el Foro de Ilustradores que autogestionaron los dibujantes, mientras las editoriales, las cámaras empresariales del libro y los organismos estatales, silbaban bajito en el poco seductor stand argentino.


Lo primero que habría que tener claro (funcionarios, mundo editorial y público en general) es que la feria de Frankfurt es una feria comercial donde se venden derechos de autor. Editores y agentes de todo el mundo concurren a Frankfurt con la esperanza de volver a sus lugares de trabajo con un éxito literario que les salve el año. Les interesan muy poco las bellezas naturales o artificiales del país invitado, lo linda que es su música y la calidad de sus comidas regionales. Lo que quieren es escritores que puedan vender en sus mercados editoriales. Libros que le den dinero o, al menos, prestigio para su catálogo.

Nadie duda que al ministerio de Relaciones Exteriores, se le va a agregar en algún momento el trabajo de la secretaría de Cultura de la Nación (que hasta ahora ha mantenido un preocupante bajo perfil), .Pero también es fundamental la presencia del ministerio de Economía. Cuando la Argentina promociona lo bien que hacemos la siembra directa, o intentamos explicar la ventajas de nuestro malbec sobre los vinos de otras partes del mundo, el Ministerio de Economía ofrece asesoramiento y logística. Estamos hablando de vender. De vender calidad, por supuesto.

Si la labor del Estado es fundamental para llevar adelante la participación argentina en la feria, también lo es la presencia de todos los sectores del mercado editorial. Las editoriales multinacionales a pesar de contar con los medios necesarios, suelen ser un desastre a la hora de vender al exterior los derechos sus libros. Frankfurt 2010 puede ser una buena excusa para que comiencen a hacer bien lo que siempre descuidan.

Otro error que habría que evitar es pensar que Frankfurt 2010 está dirigido al público alemán. Llevar bailarines de tango porque a los alemanes les encanta el tango no sería la mejor manera de gastar el presupuesto millonario para la Feria. Frankfurt es la oportunidad de ponernos en contacto con el mundo editorial. Los autores argentinos, en mayor o menor medida, tenemos acceso a los mercados más tradicionales (Europa Occidental, especialmente). ¿Por qué no aprovechar esta oportunidad para seducir, atosigar y hasta acosar a editores japoneses, chinos, rusos? ¿Por qué no gastar parte del presupuesto en preparar traducciones a esas lenguas de fragmentos de obras, material crítico y presentaciones de nuestros autores? Obviamente, habrá que traducir todo al inglés. Pero si se va a subsidiar el pago de alguna traducción y hay que elegir entre hacerlo al alemán o al chino, sigamos a nuestros hombres de campo que la tienen clara a la hora del dinero: el mercado está en el Lejano Oriente.


A la feria de Frankfurt tienen que ir sobre todo escritores. Esto parece una obviedad. Pero no sería la primera vez que a una feria del libro con Argentina de país invitado, terminen yendo más rockeros y folkloristas que autores. Estoy pensando en La Habana 2007.

Los escritores no sólo tienen que viajar físicamente, sino su obra. No sirve de mucho hacer catálogos con los datos bibliográficos más la habitual foto del autor en blanco y negro. Hay que mostrarle a los editores del resto del mundo que nuestros autores harían un muy buen papel en sus editoriales. Traducir fragmentos de sus libros, entrevistas, trabajos críticos es fundamental.
Llevar material audiovisual subtitulado también. ¿Por qué no aprovechar para estos fines los programas realizados por la Audiovideoteca de Escritores de la Ciudad de Buenos Aires?

Argentina ya tiene una presencia considerable en algunos mercados. No solo por Borges y Cortázar, que son a esta altura clásicos universales. Sino gracias a Luisa Valenzuela, Guillermo Martínez, Federico Andahazi, Alan Pauls, Marcelo Birmajer, Martín Kohan, entre otros autores vivos y de prolífica producción que tienen sus obras traducidas a varios idiomas. Hay que conseguir que ellos tengan todavía más mercados y que se abran las puertas para los que todavía no pudieron publicar en otras partes. Si sumamos los autores aparecidos en las antologías realizadas por Diego Grillo Trubba y Maximiliano Tomas, más la actividad de las editoriales pequeñas y medianas dedicadas al libro argentino, debe haber más de medio centenar de escritores que no deberían faltar en la Feria de Frankfurt, en persona o con sus obras.

Hay otra gente que tiene que viajar (y esta vez sí, físicamente) a la feria: los editores. Sobre todo, los que eligen libros para editoriales como Marea, Santiago Arcos, Gárgola, Tamarisco, Entropía, Vox, Mansalva, Bajo la luna y tantas otras que no cuentan con el presupuesto para mandar editores a la cita anual de Frankfurt. Porque para consolidar el mercado exterior del libro, se necesita sobre todo editores que sepan manejarse en esos ámbitos y que puedan llevar adelante políticas editoriales inteligentes para el mercado interno.

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posteado por La mujer de mi vida a 11:39 a. m.
 
 
4 Comentario(s):
Blogger elquellegotarde dijo...
todo muy lindo, pero cuando sale el próximo número??
5:55 p. m. 
Anonymous Anónimo dijo...
Estoy totalmente de acuerdo con la postura de Sergio Olguin. No por nada es el jefe de redaccion de tan prestigiosa revista.
Cesar Aria

11:27 p. m. 
Anonymous lmdmv dijo...
próximo número los primeros días de octubre en su kiosco! a no desesperar
1:57 p. m. 
Blogger nemo dijo...
Creo que no sólo hay que tener en cuenta a los autores de "libros de literatura", sino también a los historiadores, sociólogos, científicos y a los autores de literatura infantil, porque el libro excede el ámbito de la creación literaria, es un vehículo de transmisión de la cultura en su totalidad (también la literatura excede al libro, por eso puede haber literatura en un blog-no los adoro especialmente-,en una servilleta o en cualquier otra parte, aunque lo mejor sea el libro). Por eso creo que la discusión sobre los íconos que habría que promover o no, no tiene mucho sentido, al menos de la forma en que se viene planteando. Hay que pedir lo mínimo, que las distintas actividades ligadas al libro se vean reflejadas en la feria, pero no estirar mucho una discusión tan poco útil. En cambio, sí me parece atinado reclamar un mayor apoyo a nuestra industria editorial en su conjunto (no sólo a los autores), ya que es un requisito imprescindible del pensamiento independiente, y en consecuencia, de la democracia en un sentido menos ingenuo. Por último, me parece que la selección de editoriales "notables" no es del todo feliz, ya que se condice con esa visión naïf del mercado del libro que está más o menos impuesta desde aquellos que escriben en los suplementos culturales como ñ (ejemplo de una ingenuidad sospechosa y complaciente son los análisis de Damián Tabarovsky). Se asocia independiente con apolítico, y se le resta valor a proyectos editoriales de gran trayectoria como son las editoriales: Colihue, De la Flor, Corregidor, Siglo XXI Argentina, etc. (sin desmerecer la labor de las editoriales que se citan en el artículo de Olguín). Lo dice alguien que lee habitualmente literatura, que ha trabajado muchos años como librero y, que se desempeña actualmente en una casa editorial de acá.
10:24 p. m. 
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